Jimi Hendrix los llamó la mejor banda del mundo y Pete Townshend, guitarrista, cantante y compositor británico conocido por su trabajo con The Who, se refirió a su primer álbum de estudio, In the Court of The Crimson King, como “una misteriosa obra maestra”. No hay duda: se trata de King Crimson y el poderoso álbum que este 2019 cumple 50 años, el cual es considerado una de las grandes joyas y piezas clave del rock progresivo.

Casi 45 minutos en cinco piezas muy diferentes y multifacéticas que definieron al rock progresivo de antaño, presente y futuro salieron a la luz un 10 de octubre de 1969, bajo la maestría en las letras de Peter Sinfield; en la música de Ian McDonald (flauta, clarinete, saxofón, vibráfono, teclados, mellotron, coros), Michael Giles (batería, percusión y coros), Robert Fripp (guitarras) y Greg Lake (bajo y voz), y en el arte gráfico de Barry Godber, quien da cara y color al álbum.

Llamados el ‘dream team’, aunque de corta vida pero gran trascendencia en la historia del camaleónico grupo. La banda ha tenido varias encarnaciones a lo largo de este medio siglo de existencia, todas estas con diferentes miembros, ideas y contribuciones, la única constante: Robert Fripp.

“El primer álbum de King Crimson, In the Court of the Crimson King, tuvo un impacto especialmente poderoso del incipiente movimiento de rock progresivo, y puede ser el álbum de rock progresivo más influyente jamás lanzado.”. Macan, E. (1997), Rocking the Classics: Inglés Rock progresivo y la contracultura, Oxford University Press, p. 23.

Cambio de juego

King Crimson se apareció a finales de los años sesenta con la innovación musical como esencia, lo que los convirtió en inspiración para otras bandas de rock: In the Court of the Crimson King rompió radicalmente con todo y así consolidó el sonido progresivo.

La reunión de gran parte del universo musical que lo precedió, marcadamente influenciado por el rock, el jazz, la música clásica y las vanguardias musicales del siglo XX, dio lugar a un álbum con claves psicodélicas, ritmos eclécticos, mezclas de soft, hard rock con formas del jazz, y experimentación sonora.

Poderosas guitarras rugiendo contra el suave sonido del saxofón; el bajo eléctrico y el bajo de 12 cuerdas con una vibración vívida; la amigable flauta junto con dos pianos y tres percusionistas en un sinfín de ritmo y coordinación: rápidamente se convirtió en el epicentro de toda la música progresiva. Es quizás el nacimiento de todo lo que llegó después; la escuela, el punto de partida y referencia para las otras bandas.

Lo anterior, increíble para los mismos King Crimson, tanto que dijeron al periódico The Independent que ni siquiera podían definir lo que acababan de crear, y que al final fue un álbum que cambió completamente el juego de la época. 

“Nunca pensamos en este disco como rock progresivo. Ese término me hace reír porque ni siquiera se estaba usando en ese momento.”: Ian McDonald.

Después de 50 años de existencia, se siguen leyendo reseñas del disco como una obra de gran manufactura y casi impecable; como un disco con una calidad abrumadora. Definitivamente es un álbum hechizante, explosivo y experimental que, además, se adentra en la tristeza, la pasión, la avaricia, la violencia, la melancolía, la tranquilidad y la elevación.

Para la celebración este 2019, el grupo -que se acerca a pasos agigantados a Sudamérica- anunció una reedición de In the Court of the Crimson King: tres CD’s con nuevas mezclas en stereo, un Blu-ray con sonido 5.1 surround, proporcionado por Steven Wilson, además de material extra, como una versión del disco con varias tomas, ‘I Talk to the Wind’ en formato dúo, el mix original de la obra, el arte del disco restaurado y un libro con notas especiales de Sid Smith, el biógrafo de King Crimson.

El camino a la corte

El 5 de julio de 1969, ya con previas sesiones de trabajo y grabación, King Crimson subió al escenario enfrentándose a una audiencia estimada de 650 mil personas, que en realidad iban a ver a The Rolling Stones en Hyde Park.

“Nunca había visto a tanta gente en mi vida […] De repente jugamos… ‘21st Century Schizoid Man’ a una velocidad cegadora e intensidad insoportable. […] De repente, todos comienzan a darse cuenta y ponerse de pie. Luego comenzamos a tocar cosas hermosas, como ‘In The Court Of The Crimson King’ y ‘Epitaph’. Bueno, para entonces era juego, set y partido. Funcionó muy bien.”: Greg Lake.

Se trató de la primera señal, respecto a aquellos extraños sonidos, la poesía frenética y profunda, la experimentación sonora y las melodías fuera de los estándares tradicionales de la escala de blues, de que se convertirían en los padres de un álbum emblemático para el rock progresivo.

La clave fueron aquellas guitarras potentes, los solos rimbombantes y riffs apocalípticos, los arreglos orquestales con complejas composiciones, las baladas conmovedoras, y un collage de ruidos que, en conjunto, se extienden hasta casi estremecer los nervios.

Pero las exploraciones sinfónicas y los experimentos de texturas y libertad para elegir instrumentos, tuvieron un largo y tropezado camino, que comenzó en junio cuando la banda llegó a Morgan Studios con el productor más vendido, Tony Clarke, para comenzar a grabar su primer álbum; sin embargo, las sesiones entre el 12 y el 18 de junio no fluyeron como se esperaba. Parecía que algo sobre el sonido en Morgan no estaba funcionando.

El 7 de julio regresaron a Wessex Studios, Londres. Crimson y Clarke hicieron un segundo intento de grabar el álbum pero surgieron más dudas sobre los sonidos que estaban resurgiendo: el baterista Michael Giles sintió que Clarke estaba tratando de domesticar las energías de Crimson y transformar la banda en algo que no eran. Para el 16 de julio decidieron alejarse de Clarke.

”Hay que recordar que todas las personas en King Crimson eran personalidades muy fuertes. […] Eran muy inteligentes, muy buenos músicos y todos eran obstinados, no de una manera desagradable, pero a todos les apasionaba lo que estaban haciendo. Todos muy dedicados para cambiar el mundo de una forma u otra. El hecho es que cuando se trataba de hacer música, sobre todo la música que estábamos haciendo, Tony realmente no sabía lo suficiente al respecto. Sentimos que podríamos hacer un mejor trabajo produciendo el disco, porque sabíamos más sobre él que él.”: Greg Lake.

Los gerentes Enthoven y Gaydon llegaron a un acuerdo con la familia Thompson (los propietarios de Wessex Studios) para financiar el álbum autoproducido, lo que garantizó los costos de grabación en £ 15,000. Así, el lunes 21 de julio de 1969, cuando el hombre caminó por primera vez en la Luna, King Crimson entró en los Estudios Wessex, tomó el control de su propio destino y comenzó a trabajar en su álbum debut por tercera vez.

Tres días se la pasaron estableciendo pistas de acompañamiento para ‘In The Court Of The Crimson King’, un día cada uno en ‘I Talk To The Wind’ y ‘Epitaph’, un día en ‘Moonchild’ y su improvisado trabajo instrumental. Finalmente, la obra maestra de Crimson, ‘21st Century Schizoid Man’, fue completada en una sola y devastadora toma en vivo.

Agosto se gastó mezclando las cintas originales de ocho pistas en dos para hacer extensas sobregrabaciones; la final con el solo de guitarra de Robert Fripp para ‘21st Century Schizoid Man’, se completó el 20 de agosto. El álbum fue lanzado en Reino Unido a principios de octubre y se fue directo a los cinco primeros lugares de la lista: se trató de música potente e innovadora con su icónica funda, una de las primeras en no tener el nombre de una banda o el logotipo de la compañía discográfica en su frente. Exigió ser escuchada.

El álbum es gatefold (de dos cuerpos) a pesar de ser un solo disco. El diseño de la portada es una de las favoritas de todos los tiempos: las pinturas son obra de un amigo de Robert Fripp de la época, el «programador de computadoras» Barry Godber, que en su vida había pintado o diseñado una portada.

En la portada aparece el ‘hombre esquizoide’, una cara de color rojo brillante que se caracteriza por una mirada de reojo y una amplia boca gritando, y en el interior el ‘Rey Carmesí’, considerado como un personaje que es una especie de eco de la música

“Si cubres la cara sonriente, los ojos revelan una tristeza increíble. ¿Qué se puede agregar? Refleja la música.”: Robert Fripp, sobre el ‘Rey Carmesí’.

La técnica es acuarela o aguada de tintas; un trabajo con mucha expresividad en el dibujo y reconocido como un ejemplo principal de la unión del arte y la música.

La delirante obra

Muchos la describen como la más perfecta introducción con esos condimentos jazzeros, sonidos retratando una suerte de sinfonía vigoroza y melodía maniaca; un delirio sencillamente genial, entre la psicodelia, la locura, el progresismo y el rock: ‘21st Century Schizoid Man’, la primera de las cinco magníficas piezas de In the Court of the Crimson King.

‘Schizoid Man’ está liderada por un saxo, con una batería que ejecuta sonidos estridentes y avasallantes, además de solos lentos, construyen así el sonido del caos que se escucha con dureza y velocidad, estrés quizá, que es el síntoma que expresa el rostro del hombre del siglo XXI.

“La primera canción del álbum fue la última que grabamos. Y soy muy aficionado a que la gente sepa que en realidad lo grabamos de principio a fin en una sola toma, sin modificaciones. Luego doblamos algunas partes.”: Ian McDonald.

Luego viene ‘I Talk to the Wind’, con su calmada, bella y melancólica esencia; es una especie de balada folk con pasajes descomunales de flauta tocados por McDonald, acompañados de una percusión tranquila para luego escuchar la voz de Lake, siendo el transporte hasta la sección instrumental.

“Robert tiene algunos hermosos sonidos de guitarra. Los pequeños pitidos de Mike como el agua que cae sobre los platillos. Las voces son encantadoras. Era todo lo que debería ser. En ese momento supe que esa pista era especial, porque era muy conmovedor escucharla.”: Peter Sinfield.

Para hablar de ‘Epitaph’, se puede leer y escuchar que es la canción más grande jamás compuesta, que es uno de los himnos de la melancolía, la tristeza y la epicidad. Es evidente la poesía de sus letras, la trascendental melodía y la sublime instrumentación unida al registro vocal; avanzan entre susurros y suspiros traídos por Robert Fripp y su guitarra. Entre los acústico y lo electrónico; es una pequeña sinfonía. Fuerte pero sencilla. McDonald la consideraba una de las mejores pistas del álbum.

“‘Epitaph’ fue un poema que escribí cuando tenía mi propia banda. Comenzó con las palabras y luego fue en gran medida una obra de conjunto.”: Peter Sinfield.

La preciosa balada ‘Moonchild’ llega con experimentación e innovación dividida en dos partes: la primera, Lake hace una incursión en la voz y se conoce como ‘The Dream’; la segunda, con la que termina, es una extensa sección instrumental de casi diez minutos llamada ‘The Illusion’. Son dos cortes fusionados en una travesía de improvisaciones jazzísticas en clave instrumental. A partir de los dos minutos y medio, comienza una improvisación instrumental de guitarra y percusión que para muchos puede significar calma.

‘Moonchild’ es un camino de dos minutos hermosos y diez minutos de experimentación y jugueteo con los instrumentos que le dan un toque especial a la canción y la hacen una pieza para nada convencional.

Finalmente ‘The Court of the Crimson King’, el tema homónimo del disco y la pieza clave; transporta a la Edad Media con una cuidada instrumentación, comenzando con una introducción de violines y con la batería más fuerte que de costumbre. Fripp conduce por la corte del Rey con improvisaciones sumadas a un particular sonido en la guitarra acústica. Además se puede apreciar una sección instrumental llamada ‘The Return of the Fire Witch’ y cerca del final de la canción suena ‘The Dance of the Puppets’.

Una lírica llena de intrigas, oscuros acordes al piano, pasajes acústicos, solos de flauta y las voces de Greg Lake conforman el tema (el primero que se grabó) que cierra el álbum.

“Esta canción también fue escrita por Pete y yo, y la banda tomó su nombre de allí. Mi solo de flauta es regular, pero al final funciona bien. El lado se cierra por otra media docena de coros algo insanos, con más locura de mellotrón y brillante percusión, antes de que todo sea tragado por un remolino y se termine.”: Ian McDonald.